Etapa 7: fiordo arriba, fiordo abajo

El camping de Hvammstangi nos vino como anillo al dedo para dormir anchos. Yo monté mi chiringuito en el comedor, plantando la colchoneta delante de las bicis y bolsas de comida, mientras David prefirió quedarse con todo el espacio del maletero para él.

Debo reconocer que al apagar las luces, quedó un ambiente muy de peli de miedo barata americana…

 

Otro día que amanece lloviendo  (algún día no lo hace aquí??). Mientras desayunamos aprovechamos el wifi para planear el día, pues la zona noroeste no entraba ni por asomo en nuestros planes cicloturistas (ya de por si es una de las menos visitadas por lo lejos que cae de la N1). Hasta Isafjördur nos esperan 372km por las 61/68, una carretera que recorre la longitud de los fiordos (la de km que se ahorrarían con puentes!!).

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El cielo parece que quiere abrirse y va dejando caer rayos de luz perezosos, que dan bonitas tonalidades al paisaje. A la derecha de la carretera, ovejas, campos, alguna iglesia pequeñita y sencilla y siempre el mar en calma. Un mar en el que yo sigo emperrada en encontrar focas, pero sólo hay aves que se confunden a lo lejos. Hasta que…Para David!! Para que hay focas!!! Y esta vez de verdad! Lo bueno de estas carreteras tan poco transitadas es que puedes dar la vuelta con relativa facilidad. Y ahi estaban, 4 pequeñas focas estiradas en las rocas a pocos metros de la costa. Nos miran con la misma curiosidad que nosotros a ellas, y un par se acercan a la orilla (manteniendo la distancia y sin salir del agua) sin dejar de observarnos.

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Al tercer fiordo el paisaje se empieza a hacer monótono, por lo que nos desvíamos a la derecha para acercarnos al único glaciar de la zona. Por las altas paredes brotan infinidad de minicascadas y hay enormes placas de nieve.

 

Llegar a la base de la lengua glaciar es una excursión por terreno pedregoso que mi rodilla no toleraría demasiado bien, así que descartamos la excursión en solitario y volvemos a la carretera principal.

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Los fiordos van creciendo en altura y el caprichoso clima islandés nos somete a un diluvio de pocos metros, seguido de su correspondiente arcoiris sobre el mar. En la carretera señalizan focas a 200m. Hay una California con matricula española! parada a la izquierda, lo que significa que el cartel debe ser cierto.

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Y vaya si lo es!! Un montón de focas gorditas en las rocas, a unos 20m de la orilla. Justo detrás de la furgoneta hay una mesa de camping con una caja de plástico encima. No puede ser… me acerco para ver qué contiene y encuentro dos prismáticos (sin atar), puestos allí sin duda para que podamos ver mejor a los animales. También hay dos potes de mermelada de arándanos casera con el precio marcado de 1000kr, una pequeña caja con abertura para poner el dinero y un libro de visitas. Alguien duda a estas alturas que nos llevan años de ventaja?

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Por fin llegamos al primer pueblo Sudavik, en el que hay un museo sobre el zorro ártico. Nuestra llegada despierta la curiosidad de un ejemplar en recuperación que hay en una enorme jaula a la entrada y el animalico sale de su escondite para observarnos mejor con sus preciosos ojos marrones. No hay ninguna duda de la evolución natural!

 

Al final del fiordo se asoma, a las 4 de la tarde, encajonado entre montañas, Isafjördur. Sus casitas de colores le dan un encanto especial y aprovechamos que hace sol para recorrerlo en bicicleta (y así probar como va mi rodilla). En cinco minutos nos hemos acabado el pueblo!

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Al darnos la vuelta, nos cae literalmente encima un chaparrón de estos de cinco minutos, suficiente para arruinar nuestros planes y tener que volver deprisa al coche.

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Parece que la rodilla va bien, sin duda los dias de reposo ayudan. Dos minutos después de cargar las bicis vuelve a brillar el sol como si no hubiera pasado nada.

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Nos acercamos a la gasolinera y vemos que hay mangueras para limpiar el coche…gratis! Claro, en este país les sobra el agua! No está de más darle una buena pasada al Qashqai, por lo menos para que se vea la matrícula y recupere algo de su color original.

 

Para cruzar al lado oeste del fiordo hay un túnel que lo atraviesa. Hasta aquí todo normal si no fuera porque tiene un desvío dentro, señalizado perfectamente con un ceda el paso, como en cualquier otra carretera. Pasado el ceda, el túnel se estrecha y en los 5 próximos km tiene prioridad el que viene, no nosotros. Cada 100m tiene espacio para parar y teléfono de emergencias.

 

Llegamos a Pingeyri, dónde tenemos que tomar la decisión de seguir la carretera 60 en línea recta o bordear el fiordo por una forestal, indicada en el folleto como “carretera para jeeps con vistas que quitan el aliento”.

Evidentemente, allí que vamos. Por si las F por el corazón de Islandia no fueron suficiente emoción para el cuerpo, empezamos a recorrer una estrecha pista pedregosa entre la montaña y el acantilado, que impone mucho respeto a la copiloto, aunque la idea de meterse haya sido suya.

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Por suerte el día ha despejado y tenemos una luz cálida preciosa que hace más fantástico el camino.

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No hay nada, sólo naturaleza salvaje, alguna que otra oveja, y el mar. Llegamos al faro que marca la mitad del camino y a partir del cual la pista se mete ya hacia tierra otra vez, siempre con el mar a la derecha.

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Cruzamos un pequeño río sin señalizar y llegamos a una señal de advertencia, con una palabra en islandés de “impassable”. Paramos el coche y como no llueve, nos bajamos a ver el motivo. Unos metros más adelante el camino baja a nivel de mar con las olas picando sobre él y poco más allá desaparece, engullido por el mar. Si es que cuando esta gente señaliza algo, es con razón!! (aunque ya que estamos, la señal de coche al mar o una cuerda cerrando el camino no estarían de más).

 

David le da la vuelta al coche con mucho cuidado pues el espacio es limitado y el acantilado no permite demasiada maniobrabilidad. Iniciamos el camino de vuelta, que hay que hacer un poco rápido pues cae la luz y no nos apetecería demasiado quedarnos allí.

 

Por suerte la tormenta aguanta hasta que llegamos al pueblo (y sonreímos al ver las luces de civilización). Plantamos el coche en el camping y respiramos hondo.

 

Esta noche no tenemos la misma suerte con el camping, pues sólo tiene un bungalow con lavabos. El cuerpo necesita calorías y es todo un show hacer los noodles en las tazas de 33cl, con el campingaz dentro del pequeño lavabo pues fuera no deja de llover.

Tras el delicioso manjar, es momento de volver a hinchar las colchonetas de playa y desplegar los sacos…

 

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Un comentario en “Etapa 7: fiordo arriba, fiordo abajo

  1. Los días se os están pasando volando!!

    Estoy sorprendida por la amabilidad y solidaridad de la gente en los distintos albergues y refugios que habéis ido encontrando (lo de los prismáticos… sin palabras!!), y sí, tenemos mucho que aprender!!

    Esperando más fotos porque estas nos dejan con ganas de más!!

    PD: el volcán se está portando bien!! =P

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